Un grupo de investigadores del CONICET avanza en la adaptación de órganos de cerdos para que sean compatibles con personas que necesiten ser trasplantadas.

Se trata de una de las primeras experiencias de su tipo en el país y en Sudamérica y que se desarrolla en la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (UBA). El equipo está liderado por los doctores Daniel Salamone y Rafael Fernández Martín, de la Cátedra de Fisiología Animal, y participan especialistas en Biología, Biotecnología y Veterinaria.

Según informó en un comunicado la Secretaría de Gobierno de Ciencia, Tecnología e Innovación productiva el equipo trabaja para producir en un futuro próximo órganos aptos para trasplantes, a partir de cerdos modificados genéticamente y, de esa manera, mejorar la calidad de vida de los pacientes que se encuentran en espera de un donante humano compatible.

«La utilización de animales para aportar órganos a humanos es una idea vieja, y lo que persigue es conseguir un donante compatible con la mayor cantidad de individuos posible», señaló Fernández-Martín. El principal impedimento, según se informó, reside, hasta el momento, en que «el sistema inmune busca identificar células extrañas en el organismo, que se diferencian por las distintas glicosilaciones, es decir el proceso bioquímico en el que se adicionan azúcares a las moléculas, y al detectar un órgano extraño lo destruye en minutos», explicó el investigador.

Asemejar un órgano de cerdo a uno humano no es una tarea sencilla, relataron los especialistas, que explicaron que entre los múltiples factores que intervienen en el rechazo, se encuentran los residuos de galactosa del porcino y ante los cuales el cuerpo humano responde de manera automática. Por ello, remarcaron, «la xenotransplantación es una idea a futuro con resultados todavía en fase de experimentación, lejos de instancia clínica».

Sin embargo, los avances en edición genética por medio de la técnica CRISPR son alentadores, y explicaron que dicha técnica fue descubierta a partir del sistema inmune primitivo de bacterias. Los investigadores que trabajan para reducir el rechazo en operaciones de trasplante, señalaron que la elección del cerdo no es arbitraria sino que aprovecha el parecido fisiológico del animal con los seres humanos; y que además se conjugan otros factores, como su elevada cantidad de crías por parición, ciclos cortos de gestación y adaptación a la cautividad.

«Un órgano no modificado muere en cuestión de minutos, mientras que uno editado puede sobrevivir cerca de un año. Por eso, no hay que pensar en el xenotrasplante como una solución final, sino que puede ser una solución intermedia hasta que se consiga un órgano humano», puntualizó Fernández- Martín.

El equipo comentó que tras los cambios en la legislación de donación de órganos, el trasplantar sigue siendo un problema por ejemplo por el tiempo que transcurre entre la muerte, el traslado, y finalmente la operación. «El órgano muerto sufre mucho desde que se detiene el corazón producto de la isquemia, hasta que se lo ponés al paciente. En cambio, el donante animal estaría preparado y se le podría practicar al órgano la ablación necesaria en el momento en que tenés al paciente listo para recibirlo», acotó Fernández-Martín.

Acerca de los próximos pasos en la investigación, Salamone consideró: «Pensamos hacer múltiples modificaciones y, hasta el momento, hemos tenido resultados muy prometedores. Estamos muy satisfechos porque ya introdujimos y confirmamos una de ellas. En el corto plazo, pensamos ir no sólo por una modificación, sino por tres. De ahí, nuestro optimismo».

Por último, Fernández-Martín sostuvo: «Ahora nos puede sorprender que en el futuro haya personas con órganos de animales, pero estoy seguro de que en el futuro la gente se va a desconcertar de que en nuestros días haya habido personas con órganos de muertos». (NA

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